Pallade Veneta - Frente a Madeira, científicos en la primera línea de la protección de los océanos

Frente a Madeira, científicos en la primera línea de la protección de los océanos


Frente a Madeira, científicos en la primera línea de la protección de los océanos
Frente a Madeira, científicos en la primera línea de la protección de los océanos / Foto: Henrique Casinhas - AFP

En la pantalla de la computadora del científico colombiano Juan Mayorga, una magnífica raya pastinaca nada con gracia en el fondo del mar de las islas Desiertas, en el archipiélago portugués de Madeira.

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"Es un buen día cuando vemos animales como este", comenta Juan Mayorga, sonriente. "Esto es la protección del medio ambiente en acción", agrega el ingeniero, que trabaja para el programa "Pristine Seas" ("Mares prístinos") de la National Geographic Society.

"A medida que protegemos un lugar, año tras año, los peces se vuelven cada vez más grandes y producen cada vez más crías", explica el colombiano que, como unos 200 científicos, participa durante todo el mes de octubre en una gran expedición destinada a conocer mejor el archipiélago de Madeira, situado frente a las costas de Marruecos.

En Madeira, las labores de conservación marina se remontan a principios de la década de 1970.

Juan Mayorga se encarga de recopilar y analizar imágenes de video grabadas en el fondo marino, a una profundidad de entre 40 y 50 metros, por cámaras instaladas en estructuras metálicas con cebos para atraer a los peces.

- En primera línea -

Lo que más le interesa es comparar los datos recopilados en la parte sur de las islas Desiertas, zona de protección marina total, con los obtenidos en la parte norte, donde todavía se permite cierto tipo de pesca.

La primera escala del Santa María Manuela, un velero de cuatro mástiles y 70 metros de eslora que sirve como buque insignia de la expedición -compuesta por unas quince embarcaciones-, son las islas Desiertas, tres islotes deshabitados situados a unos 40 kilómetros de la isla de Madeira.

En el más grande, un macizo rocoso con muy poca vegetación que se extiende a lo largo de casi 12 kilómetros y alcanza los 480 metros de altitud, Rui Seabra -un investigador de la Universidad de Oporto- fija sensores de temperatura en las rocas que quedan al descubierto durante la marea baja.

Su objetivo es comprender cómo se encuentran las especies de crustáceos y esponjas en las zonas soleadas y en las sombreadas. "Esto es importante en el contexto del cambio climático, porque necesitamos saber cómo se adaptará la biodiversidad" a la evolución de las temperaturas, explica.

A unos 20 metros de la costa, desde una lancha neumática, una bióloga marina recoge muestras de ADN ambiental para detectar especies de peces que están presentes en las aguas pero que escapan al objetivo de las cámaras.

"Estamos aquí, en la primera línea de la lucha real, intentando encontrar soluciones que nos permitan resolver los problemas sobre el terreno", resume Emanuel Gonçalves, responsable de la expedición y director científico de la fundación Oceano Azul, financiada por el Oceanario de Lisboa.

- La mejor arma -

Mientras cerca de 200 países se reúnen a partir de este lunes en Armenia para debatir sobre la protección de la biodiversidad mundial durante la COP17, este biólogo reconoce que las grandes conferencias internacionales son "muy importantes" para marcar la agenda política.

Pero "la urgencia de actuar no nos permite esperar decisiones que a veces tardan décadas en tomarse", insiste en declaraciones a la AFP.

Además de la isla que da nombre a todo el archipiélago -y donde nació Cristiano Ronaldo-, Madeira incluye la isla de Porto Santo, conocida por sus playas y hoteles, las islas Desiertas y las islas Salvajes, dos islotes situados unos 280 kilómetros más al sur, en dirección al archipiélago español de las Canarias.

Pionera en la protección del medio ambiente marino, Madeira creó en 1971 la reserva de las islas Salvajes para proteger el hábitat de un ave marina, la pardela cenicienta. Ampliada en 2022, esta reserva es hoy, con una superficie de 2.600 km², la mayor zona de protección total del Atlántico Norte.

A principios de la década de 1990, las autoridades regionales crearon otra reserva en torno a las islas Desiertas para salvar una colonia de focas monje del Mediterráneo. La población, que entonces se había reducido a ocho ejemplares, cuenta hoy con 31.

Coordinador del programa "Madeira Ocean", lanzado en mayo, y miembro del Instituto de Bosques y Conservación de la Naturaleza de Madeira desde hace más de 30 años, Paulo Oliveira celebra estos avances.

"Un océano en buen estado de conservación es la mejor arma que tenemos contra el cambio climático", asegura.

D.Vanacore--PV